El Espejismo Perfecto de los Adolescentes

Columna de Opinión

    Por: Kimberly Gisela Ramos

                                                
Estudiante de Ciencias de la Comunicación


Dada la situación en la que nos encontramos a causa del COVID-19, durante la cuarentena mis horarios se  han modificado, pero siempre he designado cierto tiempo de ocio pues el encierro, sin darnos cuenta, puede afectarnos tanto física como mentalmente. Por lo que he comenzado a aceptar las recomendaciones sobre series que me han enviado mis familiares y amigos. No soy de las personas que ve series cada semana, a decir verdad tardo más de un mes en terminar una serie, que por lo general tiene solo una temporada. Y, raras veces las veo en su semana de estreno, normalmente, lo hago cuando ya ha pasado algún tiempo. 

Sin embargo, una de  las recomendadas fue Black Mirror, la cual me atrapó en cada capítulo, especialmente, el primer episodio de la Tercera temporada. Este se titula “Caída en Picada”, muestra una realidad que no estamos lejos de vivir. Se podría decir que ya la estamos viviendo, dado que con el avance de la tecnología ha traído consecuencias negativas haciendo que cada día que pasa seamos más dependientes de estas.

En este capítulo la sociedad está obsesionada por aumentar su ranking personal con buenas valoraciones por parte de su círculo social en una plataforma, que va desde 1 a 5 estrellas. Es impresionante como solo con cruzarse en la calle o saludarse reciben estrellas. ¿Puedes imaginarte el hecho de vivir bajo una puntuación en redes sociales? ¿Podrías ser feliz fingiendo ser alguien más?

Para mí sería algo desesperante y a la vez preocupante, pues significaría dejar de opinar, de expresar lo que siento y pienso para quedar bien con los demás y así obtener una buena puntuación. En pocas palabras, convertirse en reprimido y aceptar todo, aunque esto vaya en contra de los valores y principios que nos forman como persona.

Un estudio realizado por Common Sense Media en 2018, señaló que el 70% de adolescentes acceden a redes sociales más de cinco veces al día. Y, esto se debe a que las redes sociales se han convertido en un espacio en el que forman y construyen sus relaciones interpersonales, así como su propia identidad. Además, de convertirlos en “populares”, por lo que no se puede negar que ya existen muchos adolescentes que están condicionados a una vida virtual, en el afán de buscar reconocimiento, valoración y aceptación dentro de un determinado grupo social, comienzan a cambiar su forma de actuar, hablar y hasta de vestir, hacen todo lo posible por encajar.

Este condicionamiento lo podemos ver reflejado en Instagram. Pues muchos de los usuarios se convierten en una persona diferente dentro de esta red social, prefieren compartir una vida “color de rosa” de todo lo que hacen en lugar de disfrutar el momento y ser felices con lo que realmente son.

Para sentirse bien con ellos mismos, deben postear una foto de lo que comen, de lo que visten, lugares que visitan y así obtener la mayor cantidad de reacciones en su contenido, ya que este debe ser el mejor para aumentar el número de sus seguidores. Pues  importa más vender un espejismo perfecto que mostrar la autenticidad de su ser.

Llegan al punto de obsesionarse tanto con el número de seguidores que tienen, los likes que reciben, quién le comentó la foto a quién. En algunos casos no pueden dejar de estar conectados ni siquiera un minuto, pues les genera ansiedad y preocupación no saber lo que está sucediendo a su alrededor,  esto es conocido como Fear of missing out (FOMO), traducido como el miedo de perderse algo. ¿Es preocupante, no?

A pesar de ello, las redes sociales pueden convertirse en ayuda porque constituyen una herramienta que facilita la comunicación a distancia, lo cual permite la coordinación entre los mismos para lograr objetivos que tengan en común. Sin embargo, si no se hace un buen uso puede crear problemas en este proceso comunicativo,  afectando de una u otra forma las relaciones interpersonales de estos, debido a que los mensajes de texto nunca se van a comparar a una charla cara a cara.

Por lo que que pensar en cómo cada día que pasa dependemos más y más de estas plataformas digitales es aterrador. Además, ver como aquellos que no piensen, acepten o no quieren integrarse a esta vida virtual son vistos como raros, es decir, desactualizados.  Y cuando, estos dicen lo contrario pueden ser atacados por aquellos que ya están sometidos a ese nuevo estilo de vida.

Por tanto, Black Mirror es una serie que nos permite reflexionar sobre sí el uso que le estamos dando a la tecnología es moral y ético o no. Así como la ausencia que existe de una correcta “formación en ciudadanía digital” para enseñar a los adolescentes sobre las consecuencias trae consigo el subir todos los datos de su vida a una red social a la que puede acceder cualquier tipo de persona.

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