Nuestra profesión nos necesita

José Carlos Escalante Díaz
Estudiante de Ciencias de la Comunicación
Hacía no mucho tiempo desde la última vez que me propuse escribir algo al respecto, a pesar de las circunstancias, considero este el mejor momento para hacerlo. El COVID-19 ha develado nuestras carencias sistemales en todos los rubros existentes y ha despertado en todos los seres humanos, como es natural, la curiosidad a lo que vendrá después; me parece necesario hablar de las fallas intelectuales del periodismo actual, pues es de lo que más cómodo me percibo entregando una opinión competentemente fundamentada. 

El periodismo es un territorio laboral vasto y contradictorio, las personas estamos obligadas a evolucionar, en conjunto, con los instrumentos de los que hacemos uso para ejercer. Nos encontramos altamente vigilados por la humanidad en general y no somos necesariamente los primeros en publicar el acontecer. Los periodistas no podemos permitir que la tecnología y la información vacía reemplace nuestra profesión, a pesar de que así es como socialmente se ha asimilado.

Escribir notas, tuits, tomar fotografías, publicar en Facebook, por mencionar algunas, son las labores más sencillas a las que nos podemos enfrentar y la parte menos intelectualmente laboriosa de nuestro quehacer. Ahora existe el llamado “Periodismo ciudadano”, permite a cualquier persona informar a la comunidad acerca de un suceso o conmoción de la que ha formado parte o que ha ocurrido en su entorno inmediato.

Considero humanísima la incapacidad de penetrar en los nudos de la más compleja actualidad política, creo que el verdadero y más importante rol de los periodistas es conseguir adentrarse en los escenarios anteriormente planteados y, desde ahí, divulgar información realmente duradera que, a su vez, funja como un instrumento de cambio social; a saber, no es la información seca y cruda llevada al lector inmediatamente la que, en mi opinión, deberíamos de buscar.

Estas temáticas, cotidianamente, no son abordadas por aquellos que escribimos particular e intencionalmente de una forma más literaria, no sería coherente, no sería leída, no sería vendida. El mundo ha comprendido, recientemente, que la información es buen negocio; los medios de comunicación masiva están dirigidos por personas que no están encargadas de hacer periodismo sino de generar más dinero para la empresa.

Podría hablar acerca de los medios como instrumentos intelectualmente elitistas utilizados para el control de la humanidad misma, de la apática información que se publica en ellos, carente de objetividad académica y colectiva; pero este es un tema del que ya he hablado en otros escritos de naturaleza más filosófica y completamente subjetiva.

Con esta columna busco, sea de dominio público o no, que se conozca mi opinión acerca de la pasividad con la que los periodistas están ejerciendo; me parece inaceptable e irracional como el rubro en general se ha dedicado a la espectacularización informativa, omitiendo, por completo, el valor de la verdad y el cambio formidable de las luchas políticas.

Ryszard Kapuscinski, autor de obras intelectuales indispensables para cualquiera con ganas de ejercer un periodismo completo, entre ellas “Los cínicos no sirven para este oficio”, afirmaba que el verdadero periodismo es el intencional, que se fija un objetivo y busca generar un cambio; periodismo que solo puede ser ejercido por personas empáticas, capaces de comprender las intenciones y dificultades de sus semejantes. No es descabellado afirmar que este pensamiento se ha aislado de los periodistas actuales, quienes se han dejado manipular intelectualmente por los medios de comunicación a quienes rinden cuentas; a pesar de que tradicional y coherentemente se define a un escrito periodista como virtuoso cuando es un trabajo colectivo y de comprensión recíproca.

La mencionada manipulación intelectual perpetrada por los medios de comunicación pasa, en su mayoría, por una hostil y degradada relación entre generaciones. Los problemas de comunicación entre personas de diferente edad es un conflicto de realidad humana, que afecta de manera especial al rubro mediático; esto se explica por sí mismo en las experiencias de los periodistas actuales quienes acuden a sus directores que no han ejercido nunca el periodismo y que solo han aprendido, ya sea experimental o académicamente, a manejar un negocio. En épocas anteriores los directores eran periodistas experimentados que aconsejaban a los que empezaban a ejercer la profesión, manera de accionar actualmente extinguida en la mayoría de medios comunicacionales tradicionales.

No es de extrañarse que la mayoría de los jóvenes estudiantes aspirantes a ejercer comunicación, estén atraídos por el ámbito de la publicidad y la estrategia mercadológica, que las universidades estén obligadas a cubrir esta área y que sea la más rentable para la sociedad en general. Los medios de comunicación masivo ejercen periodismo en forma de propaganda y construyen social e intelectualmente en la humanidad las formas en las que necesitan que la información sea producida y asimilada. Todo lo anterior se resume en una sociedad carente de capacidad crítica y de cultura informativa, convirtiéndola en lo que necesita ser a favor de las clases dominantes.

Creo firmemente en que esto tiene que cambiar, que la manipulación de la información tiene que parar y que los que aspiramos a ejercer el periodismo lo hagamos con deseos de generar cambios sociales. Basta de ser cómodos, de escribir notas que favorezcan nuestra economía personal, de producir contenido que solo espectacularice las crisis humanas. La forma de cambiar es acercarnos a la literatura, a la psicología, a la historia y a las ciencias jurídicas, la forma de cambiar es ejercer la comunicación tomando en cuenta el funcionamiento de las humanidades en conjunto.

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