Y después de la Covid-19, ¿Qué?.


Blanca Yolanda Quiñónez Chicas
Estudiante de Ciencias de la Comunicación.


Desde el pasado 19 de marzo se instauró el Estado de emergencia declarando cuarentena en todo el territorio salvadoreño y con ello la normalidad y cotidianidad que miles de salvadoreños conocían, quedó en el olvido; se paralizó el comercio a gran escala, se detuvo el turismo, el sistema educativo tuvo que reestructurarse para mantenerse a flote, y miles de millones de salvadoreños han permanecido a la expectativa de aquello que traiga el mañana. Mientras tanto el mundo como una vez se le conoció a iniciado el cambio más abrupto que alguna vez la historia haya presenciado. 

El Covid-19 trajo consigo muchísimo más de lo aparente, vislumbró las carencias y necesidades de la sociedad salvadoreña y los vacíos que por muchos años se habían querido rellenar con un dedo; desigualdad abismal, lucha y pugna de poderes, ignorancia y sobre todo un pueblo que arrastra consigo los mismos errores, pero el mayor de ellos: no aprender de su historia, ignorando el bien común por tintes políticos o partidarios. El virus vino a cambiar nuestras vidas por completo, transformar nuestro presente y con ello, nuestro futuro.

Nos dimos cuenta por fin que la educación puede existir fuera de cuatro paredes, que el porvenir viene de la mano de la tecnología y nuestra adaptación rápida como seres humanos a ella, y además que la brecha digital cada día se distancia más. Nos dimos cuenta y comenzamos a valorar a la pequeña y mediana empresa y su importancia en la economía nacional. Sin embargo, aun no sabemos que depara el mañana pues la reactivación de la palestra económica, está en la cuerda floja. 

Ahora que hemos presenciado la desigualdad social palpable, viendo que mientras para unos la cuarentena son vacaciones de disfrute y relajación, para otros es un infierno constante, sin alimentos, sin agua y en zonas asediadas por la violencia, ¿Haremos algo finalmente para ayudar a aquellos a quienes se les ha ignorado? Ahora que hemos visto que los trabajadores son el verdadero motor del país y que el sector salud ha sido ignorado por años, dejándolo sin los recursos necesarios.

¿A dónde están los planes de acción una vez la cuarentena termine?, esto es temporal y transitorio, no viviremos encuarentenados por siempre. ¿Qué pasará luego de la cuarentena? ¿Como volveremos a resurgir de los escombros?, son tantas las preguntas y tan pocos las respuestas, pero como ciudadanos de una nación “democrática” tenemos el deber de exigirlas y así mismo la responsabilidad de ser conscientes de nuestra realidad.

Nuestra definición de normalidad definitivamente cambiará, tendremos que aprender a vivir con el virus, pero ¿Qué medidas debemos de tomar?, ¿Cómo saldrán a las calles aquellos que deban trabajar? La limpieza será parte fundamental en la vida de cada familia, en la historia de cada hogar. La desinfección será un elemento de la rutina diaria, hasta que vivir con precauciones sea parte de esta nueva normalidad.

Tendremos, como pueblo, que adaptarnos a una nueva forma de vida, pero para ello el Estado tiene la obligación de subsanar fenómenos que nos han golpeado desde nuestra existencia, o al menos intentar crear planes que incluyan a todos los sectores de la población, desde el sector informal hasta la empresa privada. Se tiene que reestructurar el fondo de inversiones, para apostarle al sistema de salud, en la búsqueda de un sector más eficiente y valorado. De igual manera, se debe de comprender que la salud para todos es responsabilidad del Estado y del propio individuo, por consiguiente, mientras este sector no posea las herramientas necesarias, su trabajo seguirá siendo el fruto de ello. 

Se tiene que reestructurar el sistema por completo en busca de una educación integral de la mano de la virtualidad, donde la presencialidad o semipresencialidad sean innecesarias cuando se da una educación optima y a la altura. Las empresas deben de encontrar la manera de reinventar sus modos de producción, de minimizar la presencialidad y optar por el trabajo en casa, en los puestos que se pueda realizar las actividades desde los hogares. Así mismo, se deben de crear planes empresariales que protejan la salud física y mental de sus empleados, ante todo.

Al mismo tiempo, intentar acortar la brecha digital dando recursos a quienes herramientas necesitan, para instruirse en las tecnologías de la información, que contribuya a la formación de ciudadanos más preparados, donde las clases sociales no sean un impedimento para la realización y creciente individual, así como colectivo. El Covid-19 vino para replantearnos la manera en la que existimos e impulsarnos a crear una sociedad más consciente, responsable y, sobre todo, preparada para cualquier desastre.

Y entonces, después del Covid-19 ¿qué?, aprenderemos todos de esta crisis, tanto gobierno como civiles a ver, aceptar y transformar nuestros errores para encaminarnos a un país más justo, avanzado y equitativo, o simplemente volveremos a cerrar los ojos.

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