LA MADRE QUE ESCUCHA CON SUS OJOS

 

LA MADRE QUE ESCUCHA CON SUS OJOS

Crónica | Siria Molina
26/05/2021

Palabras clave: sordos, hijo, madre, familia, padres de familia, señas, lenguaje, lenguaje de señas, escuchar

 

      Fotografía proporcionada por Patricia de Vásquez


Varios automóviles estacionados en fila debajo de un techo de tejas desgastadas podían apreciarse a simple vista luego de entrar a la Colonia Miramonte, ubicada en el municipio de San Salvador. Era sábado por la tarde y hacía calor a pesar que el cielo estaba parcialmente nublado. Mientras buscaba el número dieciséis en cada puerta de los apartamentos que formaban parte del pequeño vecindario, la silueta de un niño pequeño que jugaba en uno de los jardines externos llamó de inmediato mi atención. Inconscientemente, volteó hacia mí. Y pude ver como un par de ojos cristalinos como el agua me sonreían con gran inocencia. El niño, no pronunció palabra alguna, tan solo corrió con una risa colgando de sus labios hacia los brazos de una mujer alta y de ojos tan claros como los de él.

Eran las 3:30pm cuando Patricia Guadalupe Rodas de Vásquez me recibió en su morada. Ella es licenciada en administración de empresas. Tiene 36 años de edad y vive junto a su tía y sus dos hijos, René Alejandro y Fernando Daniel, de 9 y 7 años respectivamente. Estuvo casada durante 11 años, sin embargo, en el mes de julio del año pasado su esposo falleció. Desde entonces, ha tenido que tomar el rol de madre y padre, pero a diferencia de otras familias que también han sufrido las mismas desventuras, ella ha tenido que enfrentar un desafío aún más grande, debido a que, su hijo menor a una edad muy temprana fue diagnosticado con sordera.

Patricia me ofreció un vaso con agua antes de que ambas tomáramos asiento. Miré el reloj en forma de círculo que colgaba como un simple adorno en la pared y me permití escuchar el suave tic tac, que poco a poco comenzaba a desaparecer bajo el eco de risas infantiles que provenían del piso superior, dándole al apartamento número dieciséis la calidez que solo un hogar puede ofrecer.

Encendí mi grabadora y comenzamos a conversar. Patricia resultó ser una mujer muy expresiva en cuanto a sus pensamientos y emociones; cuando habló sobre René y Fernando sus ojos tan claros como las hojas de los olivos parecían sumergirse en los recuerdos que fácilmente se reflejaban en su sonrisa. Para esta ocasión, ella vestía un conjunto de matices azules que, no solo resaltada su rostro joven, si no su nivel de confianza y seguridad al momento de abordar temas delicados. Y es que, desde la repentina muerte de su esposo, su vida dio una vuelta de 180°. Su estilo de vida cambió drásticamente y sus rutinas se volvieron aún más complicadas.

“Convivir con ellos es poco, pues yo me dedicó a trabajar todo el día desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde que regreso, por lo que mi tía se encarga de cuidarlos”, expresó Patricia tras preguntarle acerca del tiempo que podía estar al lado se sus hijos, agregando al final que solamente puede estar con ambos los sábados por la tarde y los domingos. En el tono de su voz la nostalgia y la resignación estuvieron presentes; podía notarse a simple vista el dolor de la pérdida aparentemente oculto en sus pupilas; las sombras del ayer y del mañana posadas sobre sus hombros, pero también su increíble fuerza de voluntad y determinación por seguir adelante.

“René Alejandro asiste al Colegio Miralvalle, mientras que su hermano menor, Fernando Daniel, al Complejo Educativo Lic. Griselda Zeledón, el cual hasta el momento es el único lugar en todo el país que se especializa en la educación de niños y niñas que presentan problemas de audición o sordera”. 

Patricia sujetó entre sus dedos uno de sus brazaletes, fijó su mirada en las escaleras y sonrió de forma leve al percatarse que su hijo menor jugaba entre balbuceos y risas. Ella explicó que, se ha sentido aliviada al saber que ambos lugares continúan hasta este momento impartiendo sus clases a través de las plataformas virtuales. Ella mencionó que, la forma en que trabaja con ambos niños para que puedan comprender el contenido de sus asignaturas es variado, pues necesita mantenerlos entretenidos y entusiasmados, ya que, al permanecer la mayor parte del tiempo en casa, llegan a sentirse frustrados e hiperactivos, especialmente Fernando, quien posee una personalidad muy enérgica.

Habían transcurrido alrededor de quince minutos desde que comenzamos a conversar. El calor seguía siendo insoportable, el agua del vaso pronto se terminó, pero las risas de ambos niños continuaron dándole vida a la morada de la familia Vásquez. Patricia trató de llamar la atención del menor de sus hijos y cuando este finalmente la vio a los ojos, ella movió sus manos y labios, explicándole que debía guardar silencio, el niño por otro lado, le respondió con una enorme sonrisa. “He aprendido a escuchar a mi hijo a través de mis ojos”. Respondió incluso antes de poder formular una pregunta.

Ella explicó que, para ella desempeñar el papel de madre ha sido difícil. Pues, tanto el nacimiento de su primer hijo, el inesperado diagnostico de sordera del segundo y el fallecimiento de su esposo han sido acontecimientos que la han marcado de manera significativa. Sin embargo, gracias al apoyo de su familia, de Dios y de personas que forman parte de la comunidad de la iglesia en la que se congrega, ha sabido manejar los diferentes retos que se le han presentado, tal y como lo ha sido el aprender y a la vez enseñarles a sus hijos el lenguaje de señas salvadoreña (LESSA).

“Los profesores graban los videos y se lo envían a los padres. Yo los veo por las noches o los fines de semana junto a mis hijos para luego explicarles y a la vez practicar los ejercicios”.

Patricia mencionó que adaptarse a un nuevo estilo de vida, donde las palabras sobran y los gestos, señas y expresiones prevalecen, ha sido un arduo proceso al que todos los miembros de la familia han tenido que someterse en solidaridad y amor al benjamín de los Vásquez; un claro ejemplo de ello, fue cuando tuvieron que asistir al Instituto Salvadoreño de Rehabilitación Integral (ISRI), lugar que, tras un par de años, refirió a Fernando al complejo educativo en el que ahora se encuentra.

El pequeño de cristalinos ojos como el agua se aproximó hacia su madre, quien con tan solo una mirada comprendió de inmediato el mensaje que quería transmitirle. Patricia sabe en su corazón que su hijo jamás escuchará su voz, sin embargo, está segura que de alguna manera él logra escucharla a su manera, pues es un niño muy afectivo, inteligente y capaz de realizar muchas cosas:

“Al principio estaba triste por la condición de mi hijo, pero ahora, estoy segura que no puedo estar más orgullosa de lo que estoy ahora”.


     
      Fotografía proporcionada por Patricia de Vásquez



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