El sábado más triste que ha vivido Santa Tecla.

 "Una cuadra y media, fue lo que nos salvo a mi familia y a mi ese día, una cuadra y media, cuando se piensa ó se camina no es mucho, pero para mi significo demasiado..."

Crónica / Cinthya Martínez


Foto edit./ Internet

Era un sábado como cualquier otro. Mi abuelita nos había levantado temprano, alrededor de las 8:00 am para desayunar y empezar el día. “Huevos alegres” dijo mi abuelito al servir la comida, nunca entendí porque le llamaba así a los huevos revueltos con tomate, pero siempre ponía una sonrisa en mi cara cuando lo decía, creo que eso era lo que tenían de alegres. La señora que venía a ayudar con el aseo de la casa y la planchada de la ropa venia un poco retrasada, pero esa no sería la única eventualidad que tendría mi día, o en este caso en específico, los siguientes 10 meses.

Eran alrededor de las 11:30 am del día sábado 13 de enero del año 2001, mis colores regados por toda la sala, acompañados de paginas con manchones sin sentido, pero que para una niña de 4 años y medio era arte pura. Es increíble como una experiencia de este tipo (traumática) puede quedarse gravada en la vida de una persona.

Yo apenas tenía 4 años, una edad en la que muchos no tienen demasiados recuerdos, pero yo recuerdo todo lo que paso ese día, en cámara lenta. Mi abuelita sentada en la sala, conmigo, contando dinero de la venta de la mañana, ella con mi abuelito vendían el diario fuera de nuestro pasaje, en un toldo azul. No solo vendían el diario, también vendían artesanías de Ilobasco, junto con otros adornos para el hogar, era mi lugar favorito para pasar mis sábados, viendo como ellos vendían e interactuaban con toda la gente que pasaba. Yo era la encargada de dar los diarios, un puesto sumamente importante para mí, y a cambio, lograba recolectar alrededor de 3-5 colones para mi alcancía. Mi abuelito por el contrario estaba arriba, en su cuarto, escuchando su estación de radio favorita, no recuerdo cual era exactamente, pero recuerdo que siempre eran canciones rancheras, sus favoritas junto con los boleros. Mi hermano mayor también estaba arriba, jugando con sus soldaditos y carritos, nos habíamos peleado porque yo había tomado uno de sus carritos sin preguntarle el día anterior y aunque ya habíamos hecho las paces y yo amaba jugar con carritos, ese día preferí colorear. La niña Mari, la que nos llegaba a ayudar estaba bien puesta en lo suyo, planchando y cantando las canciones que provenían del cuarto de mis abuelitos, todo estaba muy normal y tranquilo… hasta que ya no lo estuvo.


Foto edit./ Alba Rosales

A las 11:34 am de esa mañana el piso comenzó a moverse, y desde ese momento, los próximos 45 segundos, no se sintieron como segundos, se sintieron como minutos u horas que pasaron insoportablemente lentas. Mis colores ya no estaban quietos en el suelo, se movían de un lado a otro, pero mi atención no estuvo en los colores por mucho tiempo, pues inmediatamente sentí como los dedos de mi abuelita se cerraban alrededor de mi brazo y me levantaban con una rapidez y una fuerza que nunca había sentido en ella antes, mientras su voz y sus ojos se llenaban de preocupación y miedo, fue ahí cuando supe que algo estaba mal, no por los gritos de la niña Mari, no por los ruidos raros que hacia mi casa que para ese momento ya se movía de arriba para abajo, no por los gritos de mi abuelito desde la segunda planta diciendo “Vieja, agarra a los niños, y salgan, salgan, salgan” no, no fue nada de eso, pues mi mente de 4 años todavía no alcanzaba a comprender la complejidad de todo lo que estaba pasando a mi alrededor, fue la mirada de miedo en sus ojos lo que me dijo que algo estaba mal y que era peligroso.




10 segundos han pasado, mi abuelita, la niña y yo ya estamos afuera de mi casa, en la acera y mi hermano viene saliendo de la casa, a como puede, pues el suele se mueve de manera alocada y fuerte bajo nuestros pies, mi abuela tomándolo de la mano le hace la misma pregunta que yo tenia en mi mente desde que lo vi salir “Donde esta tu abuelito” a lo que mi hermano de tan solo 9 años responde con angustia y lágrimas en los ojos “Sigue allá arriba, no puede bajar, no se puede parar” una urgencia de salir corriendo hacia dentro de mi casa lleno mi pequeño cuerpo, tenia que ayudarlo, tenia que ayudarlo a salir de la casa, no podía quedarse dentro, pero un fuerte agarre me impedía moverme hacia la dirección que yo quería.

20 segundos han pasado y parece que el movimiento es cada vez más y más fuerte, el pick up de nuestros vecinos esta estacionado junto frene a nuestra casa, la tercera casa de arriba para abajo, en el único pasaje de la colonia con una cuesta, todos los demás pasajes son planos, y un poco corto, 5 casas menos que la del nuestro, y el pick up se movía como si fuera un sube y baja, justo frente a mis ojos.

30 segundos han pasado y siento que el miedo disminuye justo cuando escucho a mi abuelito salir por la puerta, le cuesta caminar, pero logra llegar a donde estamos, tambaleándose por la fuerza con la que el suelo se mueve debajo de nosotros, tomo su mano y pienso que todo estará bien, pues estoy con el de nuevo, pero un fuerte ruido quita mi atención de él. Es una mezcla de gritos, con otro sonido extraño que todavía hasta el día de ahora, no logro explicar.

Levanto mi mirada hacia la vista que siempre he amado acerca de mi casa, la cordillera del bálsamo, un espectáculo de árboles y mucho verde, hogar de muchos animales y ni hablar del espectáculo que nos brinda en los atardeceres, cuando el cielo se pinta de naranja, con morado y celeste, esos colores que hacen tan divino contraste con los árboles, siempre he amado esa vista, pero en ese momento, la odie y le tuve miedo, pues al levantar la mirada ya no veía esos arboles hermosos y llenos de vida, solo podía ver como un alud de tierra se desprendía y caía sin piedad sobre todas esas viviendas, viviendas donde yo tenia amigos, donde vivía la señora de la tienda que siempre me sonreía, donde vivía Sandra, la amiga de mi mamá que siempre me cortaba el pelo, o el señor de la casa de esquina que siempre salía con su perro a comprar el diario donde mis abuelitos. Todas esas casas y todas esas personas y más, se encontraron soterradas en cuestión de segundos y nadie pudo hacer nada para evitarlo.

40 segundos han pasado y todos a mi alrededor nos tomamos de las manos y rezamos entre lágrimas, yo rezo el padre nuestro que había aprendido completo recientemente mientras pienso que esa será la ultimas vez que vea a mis abuelos, a mi hermano y que no podre ver a mi mamá nunca más.

5 segundos después, todo para, el suelo ya no se mueve, el pick up frente a mi ya no se balancea como un sube y baja, ya no se escucha el crujir de las casas ni el vaivén de los árboles, solo se escuchan los ladridos de los perros, las alarmas de los carros y mucha gente llorando y gritando, pero nosotros estamos bien, juntos y bien. Lastimosamente, no todos corrieron con la misma suerte que mi familia y yo.

Foto edit./ Internet


Las Colinas, Santa Tecla. Un terremoto de 7.7 en la escala de Richter, más de 900 personas fallecidas, alrededor de 300 viviendas soterradas por el imponente alud de tierra de más de 150 mil metros cúbicos, con familias enteras en ellas, que todavía después de soterradas se podían escuchar sus gritos de ayuda y desesperación. Una cuadra y media, fue lo que nos salvo a mi familia y a mi ese día, una cuadra y media, cuando se piensa no o se camina no es mucho, pero para mi significo demasiado, porque me ha dado demasiado, me dio muchos años más de vida y la oportunidad de estar aquí contando como una niña de 4 años vivió aquel 13 de enero del 2001.






Palabras clave

Terremoto.
Las Colinas.
Cordillera del Bálsamo.
Sábado 13 de enero 2001.
Alud de tierra.
Soterrados.

Referencias Bibliográficas

Diario el mundo. (13 de enero, 2021) 20 años después, aún duele la herida de Las Colinas. Sitio Web: https://diario.elmundo.sv/20-anos-despues-aun-duele-la-herida-de-las-colinas/

La Prensa Grafica. (13 de enero, 2019) 13 de enero: 18 años del choque de placas que originó el devastador terremoto en El Salvador. Sitio Web:
https://www.laprensagrafica.com/elsalvador/13-de-enero-18-anos-del-choque-de-placas-que-origino-el-devastador-terremoto-en-El-Salvador-20190113-0180.html

Comentarios

Entradas populares de este blog

El fútbol como un deporte víctima del COVID-19

Embajada de México en El Salvador frente al COVID-19

Policía Nacional Civil captura a pandilleros por venta de droga en La Libertad